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BALANCE

9 DE NOVIEMBRE 2018

2 MIN - 425 PALABRAS

JOSÉ BARRÍA

Desde mediados de la década del 2000, Panamá entró en un “boom” económico, perceptible en casi todas las industrias del país. Específicamente el sector de construcción vio fuerte desarrollo de todo tipo de proyectos.

 

El movimiento económico vino con (no necesariamente como consecuencia de) una serie incentivos fiscales/financieros para motivar el desarrollo de infraestructura pública y proyectos privados. Estos incentivos incluyeron la exoneración de impuestos municipales sobre propiedades (por el lado público), y tasas de interés preferencial para financiar la adquisición de estas propiedades (por el lado privado).

 

Este crecimiento acelerado en la construcción nos ha llevado al problema más grande que puede sufrir como industria: la sobreoferta. Cuando existe sobreoferta de un producto, su costo de adquisición disminuye (positivo para los consumidores), pero la producción se desacelera o frena.

 

Entendamos que la industria de la construcción es un actor clave en la disolución y dispersión equitativa de las riquezas en un país. Más que nada, porque el sector de construcción es posiblemente de los más inclusivos - todos los rangos socio-económicos participan. Una baja en esta industria puede desestabilizar fuertemente a la economía local (sabemos cómo afectó la huelga del 2018).


"...AL PROBLEMA MÁS GRANDE QUE PUEDE SUFRIR COMO INDUSTRIA: LA SOBREOFERTA."

Infraestructura con potencial - Calidonia, Ciudad de Panamá

Foto por el autor

¿Pero qué podemos hacer al respecto?

 

Comprendiendo que los incentivos tanto públicos como privados están apuntados a las construcciones nuevas, deberíamos encontrar una alternativa. En lugar de agregar más inventario a un mercado saturado, debemos redireccionar nuestra vista hacia las propiedades existentes en desuso. Creando incentivos como tasas preferenciales para restauraciones, se puede motivar a los consumidores a entrar a un mercado de mucho potencial. Ofrecer este tipo de hipotecas puede ser más atractivo para las entidades bancarias, visto que no apoya una sobresaturación riesgosa.

 

Por el lado público, se pueden crear exoneraciones de impuestos sobre propiedad para aquellos que adquieran lotes/edificios abandonados en áreas céntricas. Esto incentivaría fuertemente el desarrollo “infill” (ejemplo Revitalización Curundú) - contrarrestando el desmesurado crecimiento de la huella metropolitana. Una ciudad más compacta resulta en manejo más eficiente de la infraestructura, comparado con una huella dispersa. Igualmente, crecer hacia adentro resulta más económico para el estado, visto que la infraestructura ya existe.

 

Por el lado medioambiental, reutilizar tierra previamente desarrollada desacelera la deforestación. Incentivando el desarrollo compacto, directamente protegemos los bosques y áreas de manglares que rodean nuestra ciudad.

 

El progreso no necesariamente debe venir acompañado de daño a nuestro entorno ni a nuestros vecinos.

 

Estas son solamente algunas de las alternativas que podemos aplicar para evitar la desaceleración de la industria de la construcción, beneficiando a todos los actores involucrados.

 

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